Hilos detenidos, hilos en huelga, que ya no tejían palabras en los labios.
Punto de araña, la novela de Nerea Pallares Vilar, mezcla tradiciones y mitos, leyendas y realidades. Lita, Xela, Catuxa, Crus y Chiruca son amigas desde siempre. A ellas se une Ari, que será el hilo conductor para salir del laberinto. De una historia local se trasciende a lo universal y se destaca, como homenaje, el trabajo callado y no siempre valorado que desarrollan las mujeres: las rederias, las mariscadoras, las que trabajan en la conservera o las palilleiras. Las mujeres, en general, desarrollan funciones indispensables de cuidados, de sostén de la sociedad. Son imprescindibles.
La novela gira alrededor de un eje, la palabra que teje historias, que tiene el poder de modificar la realidad, que expresa sentimientos y pensamientos. La palabra capaz de construir alianzas e identidades, que muta con los tiempos y se adapta. La palabra que guarda silencio, porque el silencio también habla.
En Camariñas conviven la tradición y la actualidad. Las tres arañas: Navia, Briana y Otile, las Señoras de Costa da Morte son convocadas para que actúen como guías. ¿Qué hacer? Las mujeres de la localidad que se reunían para tejer juntas, se reúnen ahora para destejer juntas. Los hombres han enmudecido porque llevan hablando desde hace demasiado tiempo. Es el turno de las mujeres y Ari, que ha llegado a Camariñas para ejercer de guía turística y encargarse del museo del encaje, les facilitará el hilo para que se rebelen contra la injusticia y subviertan el orden establecido. La muerte de María ha sido el detonante de esta revolución.
Punto de araña es una historia de redes, de redes que se tejen para pescar y de redes sociales que construyen. Lo terrenal y lo mitológico se entremezclan en una novela que redefine a las mujeres. Hartas de años de sometimiento y del egoísmo y de la prepotencia de los hombres, invocan a unos seres sabios y ancestrales para liberarse del yugo y reivindicar su importante función, porque cuando ellas paran, el mundo se detiene; cuando ellas destejen, las palabras desaparecen y las voces enmudecen.
La amistad entre mujeres, la lealtad al grupo y el mantenimiento de las tradiciones confeccionan este encaje de bolillos creado con maestría y delicadeza por Nerea Pallares.