Donde nadie te encuentre


                                                

Teresot, Teresot. ¿qué tienes entre las piernas, Teresot?, ¿quién te ha hecho ese vestido viejo, esa falda larga y negra que te llega hasta los pies?, ¿de dónde te han sacado, Teresot, del cubo de la basura, de debajo de una piedra, de la tierra del cementerio, de dónde ha salido una niña como tú?

Al principio yo misma tenía curiosidad y me miraba ahí. Si mi madre me veía me reñía: "¡Eso no se hace! ¡Eres una niña y basta, a ver qué vas a ser!" Mis hermanas me lo decían peor: "¡Cochina, cochina, si te encontramos mirándote ahí se lo diremos a la madre y te molerá a palos, te moleremos nosotras también! ¡Te mataremos a palos, ya te lo puedes creer! ¡Te mataremos, Teresa, te mataremos!"

... Éramos siete hermanos: Vicente, José, Joaquín, Antonia, Vicenta, Juan y yo. Solo tres chicas, pero Antonia y Vicenta me pegaban como si no fuera otra chica, como si no fuera la pequeña, como si alguien les hubiera dicho que tenían que matarme a golpes, "Esta nena, ¡qué disgusto!, ni siquiera se sabe qué es, la gente habla, murmura. ¿De dónde ha salido, madre, por qué ha tenido que tocarnos a nosotros?" "¡A callar, es vuestra hermana y no hay más que decir"!" Golpes y golpes y golpes. Al principio, lloraba; pero después me quedaba callada y me metía en algún rincón donde no me vieran...

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