Entrevista a Margarita Barbáchano


Margarita Barbáchano es Licenciada en Periodismo y Filosofía, graduada en Psicología y en Publicidad. Ha trabajado en diferentes medios de comunicación y como columnista en Heraldo de Aragón y el Periódico de Aragón.

Ha publicado las novelas La dama rosa (Huerga y Fierro, 1998) y La piscina azul (Mira Editores 2009) y los libros de relatos Ver, oír y no callar (Leyere, 2003) y La Montaña Sagrada (Gobierno de Aragón).

 


 ENTREVISTA

-Para empezar, este es un libro cómplice de la subjetividad femenina. ¿Cómo te surgió la idea de escribir este libro?

En una exposición en Madrid vi una gran fotografía de Helena Almeida y me quedé con esa imagen: una mujer de espaldas, sin un zapato y con los puños cerrados. Es una imagen muy potente, con mucha fuerza. Me guardé la invitación y pensé que algún día escribiría un libro con todo lo que esta fotografía me sugería. Un día me puse a ello y un relato me llevó a otro.

- El libro reproduce doce fotografías, cada una de una fotógrafa diferente (la mayoría aragonesas), que sirven como ilustración a cada relato, además de la de la portada, una foto preciosa de Helena Almeida.  Suponemos que tiene que ver con tu afición por la fotografía y las artes en general, pero cuéntanos cuál fue el origen de esta preciosa edición.

El origen ya lo he contado: fue una imagen (la portada del libro) y todo se unió porque llevaba tiempo pensando en escribir un libro solo con personajes femeninos y con situaciones en las que nos encontramos cuando la juventud se nos escapa por los espejos, por las radiografías (como digo en la introducción). Creé unas protagonistas femeninas diferentes que nos abren su corazón, sus sentimientos, en cada relato. Yo soy muy "peliculera", me entusiasma el cine, por eso quise hacer que el libro de relatos fuera también visual. Me siento muy honrada de que me acompañen doce importantes fotógrafas de diferentes generaciones con imágenes realizadas para la ocasión. Es un bonito regalo porque las fotografías hablan por si solas.

-Para construir a las protagonistas de los relatos ¿te has inspirado en mujeres que conoces personalmente o has echado mano de los tipos sociales?

Hay de todo: mujeres que conozco y de las que he cogido un poco de sus vidas para inspirarme en el relato, y otras anónimas, desconocidas para mí, pero que se ven todos los días en la calle y las he convertido en protagonistas de mis relatos. A veces escuchas una conversación, lees una noticia en la prensa, oyes un comentario en el autobús y esas cosas se me quedan. Con el tiempo pueden convertirse en una idea que se desarrolla en un relato o no.

- Los relatos reflejan magníficamente la realidad y los problemas de las mujeres maduras con un toque de humor que ayuda a un saludable distanciamiento. ¿Cómo has conseguido esa mezcla?

Cuando escribo y me meto en situaciones de un cierto dramatismo me gusta poner un toque de ironía, que los personajes respiren un poco, y para eso el sentido del humor es fundamental. Si no, yo misma creo que me aburriría. Soy partidaria de la sonrisa cómplice cuando se está leyendo un libro. Y, eso a veces, se consigue con un toque de humor, de ironía; pero no tengo fórmulas. Veo que lo pide el texto y se me ocurre sobre la marcha.

- En el relato titulado La lista negra, ¿por qué elegiste la venganza como único deseo de Pablo cuando le diagnostican cáncer? ¿Habrías desarrollado el relato de la misma manera si el cáncer lo sufriera su mujer, Sara?

Quería que en un relato el personaje principal fuera un hombre, y para La lista negra me venía bien que lo fuera. Elegí la venganza porque estamos en una sociedad muy hipócrita, demasiado sumisa y mansa, que "traga" con muchas cosas y le cuesta mucho rebelarse; en general somos mansos hasta para soportar la muerte en malas condiciones. Creo que Pablo es un hombre valiente y consecuente. Se atreve a hacer lo que desea hacer. Si la protagonista de La lista negra hubiera sido una mujer, no sé cómo lo hubiera resuelto. Me tendría que poner a escribir para saberlo.

- En algún relato tratas el tema de la añoranza de las madres por los hijos que han salido del nido. Hay uno, La habitación del hijo, en que la evocación de olores y sensaciones es tan real que parece vivida más que imaginada. ¿Piensas que un padre siente el mismo vacío ante esa situación? ¿Un escritor habría tratado igual ese tema?

Pienso que un escritor también hubiera tratado ese tema del vacío que dejan los hijos al marcharse, independizarse, pero de otra manera, quizás menos sutil, sin tantas sensaciones como la madre del relato. Sinceramente, lo hubiera hecho pero de otra forma. En esto de los sentimientos está bastante claro que los hombres y las mujeres somos diferentes; y me parece bien que sea así, sino sería todo bastante monótono.

-¿Cómo crees que los medios de comunicación, moda, publicidad... condicionan la percepción que las mujeres maduras tienen de sí mismas?

Seguimos con los mismos tópicos. La publicidad ha cambiado poco desgraciadamente. Siguen vendiéndonos belleza, cremas antiarrugas, compresas para evitar pérdidas, y fabulosas recetas de cocina. No hay nada rompedor en este sentido, y yo como publicitaria que fui en mi época joven, echo mucho a faltar algo de ingenio en los anuncios y en la moda. En los medios de comunicación serios la cosa cambia, pero las mujeres maduras que han hecho cosas importantes salen poco. Y eso es un grave error porque en la madurez es cuando conseguimos cargar las mochilas con todo lo que hemos hecho de importante en la vida.

- La mayoría de las protagonistas son auténticas supervivientes. ¿Puede ser la madurez la mejor etapa en la vida de una mujer o realmente solo es el inicio del declive?

No soy de extremos: ni creo que la madurez sea la mejor etapa en la vida de una mujer ni tampoco es solo el inicio de la caída. Pero estas supervivientes están más cerca del inicio del declive. Esto no es malo, es la vida, hay que aceptarlo y llenarlo de sentido y de entusiasmo para seguir adelante. En la edad madura hay que vivir el momento y sacarle provecho. Y, algo muy importante, que dice el protagonista de la película La gran belleza (de Paolo Sorrentino): "Voy a cumplir 65 años y no estoy dispuesto a hacer nada que no me apetezca hacer". Deberíamos tenerlo en cuenta después de haber cumplido los cincuenta...

-Y, por último, una pregunta muy personal, ¿Con cuál de las mujeres que describes te identificas más?

Me identifico un poco con todas, pero estoy en el relato La habitación del hijo.

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