Carmen de Burgos

Durante la primera mitad del siglo XX surgieron en España una serie de mujeres que se hicieron notar por su implicación política, social y literaria. La resignación de la mujer ante la posición preeminente de los hombres dio paso a la lucha, a la reivindicación de la igualdad y la justicia social. Nació una mujer nueva, liberal, apasionada y con ganas de hacer cosas.
El feminismo es el partido social que trabaja para lograr una justicia social que no esclavice a la mitad del género humano, en perjuicio de todo él. Así pensaba Carmen de Burgos, Colombine, periodista, viajera, conferenciante y novelista. Nació en 1867 en un pueblecito de Almería y recibió la misma educación que sus hermanos, por lo que pudo desarrollar una actividad intelectual y periodística al casarse y entrar a formar parte de una familia que tenía una tipográfica, donde se elaboraban algunos periódicos locales. Publicó sus primeros escritos en la revista “Almería Bufa”, que dirigía su marido, Arturo Álvarez, y cuando quiso estudiar magisterio, surgieron los desencuentros matrimoniales, pero Carmen no se rindió. Separada de su esposo y con una hija pequeña, se desplaza a Madrid, cursa estudios de maestra superior y gana unas oposiciones que le permiten ejercer en la Escuela Normal de Guadalajara. En esta ciudad traba amistad con el director del Diario Universal, Augusto Figueroa, que le ofreció una columna diaria que ella firmaba como Columbine, un seudónimo que nunca abandonó.
Gracias a una beca, Carmen pudo viajar a París y a buena parte de Europa. Esta experiencia queda recogida en sus libros Por Europa, Cartas sin destinatario y Peregrinaciones. Su actividad literaria abarcó numerosos campos, escribió biografías, manuales de cocina y jardinería, crónicas, artículos, tratados sobre educación e higiene y traducciones. Mantuvo una relación con el escritor Ramón Gómez de la Serna durante casi una década y tras la ruptura sentimental, se negó a continuar escribiendo.
Carmen de Burgos realizó la primera encuesta sobre el divorcio hecha en España (1904), estuvo afiliada al Partido Socialista y se presentó a diputada en las primeras elecciones convocadas por la República. Murió en 1932, a los 65 años. Su obra aún puede encontrarse en las librerías, debido a recientes ediciones como la de Los anticuarios, La flor de la playa y otras novelas cortas o El hombre de negro…

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