Fundamentos históricos de una flor de un día


Juré que nunca me dejaría coger;
yo siempre iba a encajar luz con luz, 

ritmo con color.

Nunca -dije- caería en caer. 
Reíros: me creía flor. 

Nunca permitiría los besos incorrectos
ni la voluntad cadáver en mi cama, 

ni la cólera profunda y cavernícola
y tristísima

con respecto a mis acciones
sin verdad ni sentido.


Yo siempre iba a encajar
verdad con sentido,

luz con luz, besos con furia
existencial y demás. 

Creedme: yo iba a vivir en una isla
remotísima y asiática; 

yo -juré- me dejaría la piel
en cada acto, cada signo, 

y cada acto de amor, cada signo, cada coito,
creedme, cada mano, cada ojo, 

iban a ser inolvidables, iban a ser
-y lo decía en serio-

mágicos

y agotadores. 


Juré que nunca viviría
en moldes ajenos

(aunque fueran de ilustres novelas
centroeuropeas);

yo nunca iba a permitir -decía-

el intento fofo y marchito, 
ni luz apenas, ni besos sin truenos, 

ni -nunca, dije- alexitimia,
anafrodisia, esas barbaridades,

ni perderme
ni rosas blancas pero decorativas

ni vivo sin vivir en mí y todo eso. 

En la catequesis
me decían

no jures jamás

niña idiota.
 

Berta García Faet (Valencia, España, 1988). Premio Nacional de Poesía "Antonio González de Lama" 2010.

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