Entrevista a Isabel Lizarraga


En 2012, Isabel Lizarraga publicó Cándida, historia de una maestra riojana cuyo periplo vital  nos desvela la trayectoria de la Marquesa del Ter y otras fundadoras de la Unión de Mujeres de España y, ahora llega La canción de mi añoranza, (Siníndice editorial) biografía novelada de Isabel Oyarzábal, fundadora de la Asociación Nacional de Mujeres y embajadora de la Segunda República.
 
¿Cómo surgió tu interés por el tema del feminismo español de principios de siglo XX?
 
Surgió a partir de mi colaboración con Juan Aguilera en el estudio de la literatura de comienzos del siglo XX. Tras la figura del empresario teatral Gregorio Martínez Sierra, apareció una mujer fabulosa, llamada María Lejárraga, que fue la autora real de todas las obras de su marido y que realizó una lucha incesante a favor de que las mujeres alcanzasen los derechos que les estaban vedados.
 
Tus dos novelas son una exhaustiva investigación sobre la vida de mujeres intelectuales poco o nada reconocidas por la historia oficial. ¿Piensas que queda mucha historia por recuperar de las mujeres de este periodo?
 
Indudablemente. Todas ellas han sido silenciadas por un doble motivo: por ser mujeres y por ser las perdedoras de una guerra que les arrebató todo aquello por lo que habían luchado. La historia oficial las ha ignorado tanto por motivos políticos (la gran mayoría tuvo que exiliarse) como por la secular negación y ocultamiento de la mujer a lo largo del tiempo. Por otra parte, ellas fueron mujeres activas y luchadoras, un “mal ejemplo” para las españolas en la época del franquismo, a las que se quería educar en el rol de ama de casa sumisa y pasiva.
 
Sorprende la modernidad de los planteamientos de estas mujeres, de las que nos separa un siglo entero, ¿crees que hemos avanzado mucho desde entonces?
 
Creo que en España las leyes, de forma teórica, procuran la igualdad por la que ellas lucharon, aunque queda llevar estas leyes a la práctica en muchos aspectos, especialmente en cuanto a la igualdad salarial y al acceso a puestos de responsabilidad. Con todo, queda el lastre de la costumbre, que nos hace representar distintos papeles condicionados por el sexo. En este aspecto, creo que hoy nos corresponde a las mujeres dejar de interpretar ese rol de mujer estúpida que sólo piensa en agradar al hombre y que se obsesiona por su aspecto físico. A la vez, debemos exigir que los medios de comunicación nos traten de manera digna y no como meros señuelos que sirven a los objetivos de la publicidad. En fin, todo se hará.
 
Las asociaciones de mujeres de principios del XX desplegaron mucha actividad pero obtuvieron pocos resultados. ¿Cuál crees que fue su error?
 
Las mujeres de principios del siglo XX hicieron todo lo que pudieron, pero tenían muchas cosas en su contra: las leyes, la costumbre, la falta de educación en relación con el hombre… Los resultados de su lucha fueron especialmente visibles durante la Segunda República, cuando alcanzaron el derecho al voto y se comenzaron a redactar una serie de leyes que, desafortunadamente, no tuvieron tiempo de hacerse realidad, como la que devolvía la personalidad jurídica a la mujer casada. El principal error que cometieron fue el de no ser capaces de aunar sus fuerzas en una asociación común a todas las mujeres que deseaban lo mismo.
 
Hay una cosa que quizá puede chocar a las lectoras/es de hoy, y es que casi todas estas mujeres pertenecían a las clases acomodadas, algunas incluso tenían título nobiliario, ¿cómo valoras esta cuestión?
 
Me parece normal que las pioneras pertenecieran a las clases acomodadas. Las mujeres pobres tenían suficiente con sobrevivir.
Para reclamar algunos derechos hace falta saber que existen (o que existen en otros lugares), saber leer, saber escribir, y tener tiempo y fuerzas como para luchar por ellos. El hecho simple de fundar una asociación donde reunirse requiere tener dinero para alquilar el local, para editar una simple hoja reivindicativa o revista o para prever cualquier actividad, y no hay que olvidar que en esa época las mujeres casadas ni siquiera tenían la potestad de gestionar su propio dinero.
 
Ellas fundaron el Comité Nacional de Mujeres contra la guerra y el fascismo en vísperas de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué opinas de esto?
 
A mí me conmueve el hecho de que las mujeres de esta época se proclamasen pacifistas. Estaban horrorizadas por los efectos de la Primera Guerra Mundial y suponían ingenuamente que, si las mujeres llegaban a gobernar, serían capaces de evitar las guerras, ya que, siendo madres, no consentirían que sus hijos murieran en ellas.
 
¿Hubo algo en particular que te llevó a elegir a Isabel Oyarzábal como protagonista de tu novela?
 
La elegí porque tuve acceso a sus dos obras autobiográficas en inglés: I must have liberty y Smouldering Freedom, que todavía no habían sido traducidas al castellano, y pensé que merecía la pena recoger este testimonio. Además, el hecho de que una española llegase a ostentar el cargo de embajadora de la República al final de los años treinta merecía ser conocido, al igual que su empeño por realizarse a sí misma.
 
Isabel Oyarzábal es una mujer compleja y polifacética. ¿Cómo has conseguido meterte en su piel tan maravillosamente bien.
 
Bueno, gracias por esta consideración. En realidad, mi mayor ilusión consiste en recuperar su figura “desde dentro”, o mejor dicho, retratar sus sentimientos y sus ilusiones. Hay libros de historia que la recuerdan (pocos, la verdad), pero lo que a mí más me interesaba era rescatarla en sus vivencias como mujer de carne y hueso.
 
Tu novela hace un retrato muy emotivo de la protagonista, se la ve crecer página a página, sufrir, gozar y entusiasmarse con sus hijos, con su marido, el pintor Ceferino Palencia... ¿Qué es lo que a ti, personalmente, más te ha fascinado de esta figura?
 
Lo que más me ha fascinado ha sido constatar que fue capaz de despreciar la vida fácil de mujer ociosa y acomodada que le había tocado por su nacimiento, a cambio de una vida de esfuerzo y trabajo que sí le permitió hacerse a sí misma hasta llegar a la cima que en un principio no estaba prevista para ella como mujer. Después de la guerra y de perderlo todo, tuvo que comenzar de nuevo en el exilio, pero siempre se mantuvo fiel a sus ideales. En síntesis, lo que más me admira de Isabel Oyarzábal es su tesón y su fortaleza frente a las adversidades.

*Entrevista realizada por Pilar Laura Mateo.
 
 
 

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